Vidas que vienen, vidas que van, mientras escribo sin pensar. No sé qué había antes, no sé qué habrá después, y si lo pienso, no lo quiero saber, dejemos un margen a la ignorancia, fuente eterna de felicidad.
Sólo sé que tengo esta vida, toda una vida entera para llenar de sensaciones, de momentos y colores como el naranja de un atardecer en una tarde de verano.
Hay cierto mito entorno al amanecer, como origen de esperanza y de ocasión para recomenzar. Intuyo fracaso en esa concepción, las cosas que se hacen bien no necesitan volverse a empezar.
Prefiero el atardecer, momento de recogimiento y reflexión, de valorar las expectativas y compararlas con la realidad de lo vivido.
El ocaso del día es el momento de saborear con satisfacción las expectativas cumplidas, único y verdadero placer, tras tantos y tantos sueños rotos y própositos huérfanos de voluntades que los realicen.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Antonio Machado - Soledades, Galerías, Otros Poemas

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