jueves, 9 de junio de 2011

Eternal sunshine of my spotfull mind

Creo que lo que más me gusta del verano es ese momento en que el cielo deja de ser azul para hacerse naranja. El Sol se pone, y se lleva con él la luz y el calor, pero ese color me hace sentir su candidez. Me hace pensar que todo lo que pasa deja su recuerdo. Cuando lo sabes apreciar todo tiene su trascendencia.

Vidas que vienen, vidas que van, mientras escribo sin pensar. No sé qué había antes, no sé qué habrá después, y si lo pienso, no lo quiero saber, dejemos un margen a la ignorancia, fuente eterna de felicidad.

Sólo sé que tengo esta vida, toda una vida entera para llenar de sensaciones, de momentos y colores como el naranja de un atardecer en una tarde de verano.

Hay cierto mito entorno al amanecer, como origen de esperanza y de ocasión para recomenzar. Intuyo fracaso en esa concepción, las cosas que se hacen bien no necesitan volverse a empezar.

Prefiero el atardecer, momento de recogimiento y reflexión, de valorar las expectativas y compararlas con la realidad de lo vivido.

El ocaso del día es el momento de saborear con satisfacción las expectativas cumplidas, único y verdadero placer, tras tantos y tantos sueños rotos y própositos huérfanos de voluntades que los realicen.


Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar
.


Antonio Machado - Soledades, Galerías, Otros Poemas

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son risas


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