Lo fascinante del tiempo es su apremio, como avanza instante tras instante sin pararse ante nada ni ante nadie, no mira nunca atrás y no se arrepiente de nada. transcurre impasible consumiendo nuestras horas, y seguro que se sonríe al ver nuestra caras.
El tiempo se nos escapa y no parece importarnos, no podemos detenerlo y parece que no queramos hacer nada por aprovecharlo. Se valoran las cosas cuando se pierden.
Eso es ley, eso ocurre porque cuando lo tenemos, pensamos que va a estar ahí siempre, y a veces por miedo, a veces por inseguridad, no nos lanzamos a aprovechar las oportunidades que tenemos. No nos atrevemos a proponer un café, a hacer una llamada, incluso a iniciar una conversación por internet...
Esperamos encontrar situaciones más oportunas, momentos más idóneos, porque siempre hay un motivo para desechar una decisión importante cuando falta el valor para tomarla.
Y cuando el tiempo se lleva la opción, cuando sólo nos queda el recuerdo de algo que pudo haber sido, cuando asoma y se instala el lamento, entonces el tiempo se ríe de nosotros.
Y se ríe doblemente, primero por lo que nos ha pasado, y segundo porque sabe que nos volverá a pasar, una y otra vez. Si viviéramos dos veces la misma vida volveríamos a hacer las mismas cosas. El tiempo no espera, tan sólo discurre, nos lleva al mismo lugar.
Unos habrán disfrutado el trayecto y otros se habrán dedicado a contemplarlo, pensando que lo han analizado suficientemente bien como para tomar las decisiones acertadas cuando se vuelvan a presentar.
El problema es que esas oportunidades se fueron como vinieron, de la mano del tiempo.
Today is the day,
I've got something in my heart to say.
Tonight is maybe the night,
but I need time, time, time...
The Sunday Drivers - Time, Time, Time...
