martes, 14 de abril de 2015

De Madrid al Cielo

No sé ni por dónde empezar…

La vida es tomar decisiones, y sólo me siento responsable de las consecuencias de mis ejercicios de libertad. Pues bien, acabo de tomar la decisión más importante de mi vida, y mientras termino de ejecutarla, mientras la veo tomar forma, atraviesan mi cuerpo un millón de sensaciones, y no estoy seguro de saber identificarlas todas...

Empezaré por el final, que parece lo más lógico. El sentido de pertenencia a un lugar, a una comunidad, a una tierra y a su cultura es de los instintos más primarios que desarrolló el ser humano. 
Esto no significa que exista en todas las personas, ni que todas lo sientan igual, pero en mi caso particular es profundo y real: conozco mis raíces, las respeto, las divulgo y las exhibo con orgullo.

Mi sensación de arraigo hacia Murcia va más allá de gastar bromas con el “acho”, la marinera, el picoesquina, los michirones, el caldero o tantas y tantas cosas nuestras. Mi arraigo se entiende desde la ilusión con que afrontaba de niño cada Entierro de la Sardina y cómo volvía exhausto de felicidad con toneladas de juguetes, cómo crecí en la convicción de que la primavera puede durar nueve meses al año, o que el frío de verdad no se puede combatir con gorros o bufandas…

Lo podemos contar a nuestros amigos de una y mil maneras, pueden venir en vacaciones, en puentes o findes locura, pero sólo quien ha tenido el privilegio de vivir lo cotidiano del día a día en Murcia conoce de verdad los motivos que me arrastran a emprender mi camino de vuelta.

Go on, go on, your choice is made” y pese a todo lo anterior, y pese a todo lo que pudiera decir, solo uno sabe lo difícil que es decir adiós.

Han sido tres años y medio de mi vida que jamás podré olvidar. Demasiadas emociones, sentimientos, sueños, esperanzas, miedos y frustraciones. Y al final lo único que he hecho ha sido vivir, lo mejor que me habéis dejado, que no ha sido poco. 

De nuevo quiero daros las gracias a todos los que me habéis acompañado y soportado, me habéis visto reir, llorar, salir de fiesta sin mirar el reloj y acabar yendo "al desayunante a brillar", jugar pachangas, echar más horas en el Despacho que en mi casa y un sinfín de recuerdos que se repetirán una y otra vez en mi cabeza, hasta el fin de mis días

Vine con la valentía de un crío que se creía un hombre, sin saber de mi propia candidez y de todo lo que me esperaba por conocer pero decidido a entenderlo cuanto antes. Y ahora que me voy, apenas me atrevo a describirme como un chaval que ha entendido que en la vida nunca dejas de aprender, sobre todo aquello que creías que conocías.

Me voy de Madrid sabiendo que una parte de mí se quedará aquí para siempre, una parte de mi pasado, sí, pero también una parte de mi futuro, el que nunca conoceremos por haberme marchado.
Espero que esa parte de mí que no me acompaña en mi regreso quede en todas aquellas cosas y personas por donde he pasado en estos años, pues “lo nuestro es pasar” y siempre he creído que la impronta que dejamos a nuestro paso es la manera de perpetuarnos en la Historia, a través del recuerdo que imprimimos en la gente que pasa por nuestras vidas.

De verdad que ha sido terriblemente difícil decir hasta siempre a Madrid. Son muchos los amigos que dejo, los que ya tenía y se convirtieron en mi familia, y todos los que he tenido la suerte de hacer en estos años gracias a cualquier excusa, sea currando hasta las mil, saliendo hasta el amanecer o dando patadas a un balón.


Sin duda Madrid tendrá una nueva dimensión en mi vida, cada vez que la vea por la tv o lea cualquier noticia sobre ella una sombra de melancolía dibujara en mi cara una sonrisa obligada, la sonrisa del que se sabe tranquilo con su decisión, pero no puede dejar de añorar lo que eligió dejar atrás.


Allá donde se cruzan los caminos,
Donde el mar no se puede concebir,
Donde regresa siempre el fugitivo,
Pongamos que hablo de Madrid.

Joaquín Sabina - Pongamos que hablo de Madrid

miércoles, 15 de mayo de 2013

Phoenix

Ganas o aprendes, sólo pierde el que no lo intenta.

Hablar del dolor es fácil, porque las malas sensaciones tienden a envolvernos y a hacernos pensar que nada bueno volverá a pasar. Por contra lo bueno tiene esa cadencia efímera que nos sorprende un instante, y nos hace dudar después. Es cómo si nos gustara sospechar de que si algo bueno nos pasa, es porque algo malo acecha detrás.

Recrearse en el dolor es lo fácil. Aprender para mejorar no es valorable, no eres ni mejor ni peor por ello, ni estás obligado a hacerlo, pero el que lo hace sabe que está en paz consigo mismo y eso no hay dinero que lo pague.

A nadie le gusta empezar, porque una vez que conoces algo, por bueno o malo que pueda ser, no lo quieres cambiar. Empezar supone renunciar a lo que sabías y controlabas, y perder el miedo a demostrarte lo que eres. Pero vivir es empezar, una y otra vez.

Quizá el problema radica justo ahí, en saber quién eres.

Personalmente siempre he creido que no somos lo que hemos venido haciendo sino lo que hacemos en cada momento. Siempre que me he sentido cómodo en general, me he sentido intranquilo. Intranquilo por pensar que no me doy cuenta de lo que pasa, que el mundo se mueve y yo sigo sentado como si no fuera conmigo. Nuestra manera de reaccionar ante las circunstancias, previstas y no tan previstas, reflejan nuestra capacidad vital.

Y en el fondo, una vez más, estoy viviendo cosas que otros ya han vivido, y escribiendo (peor) sobre cosas que otros muchos ya han escrito.

Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
Antonio Machado

lunes, 24 de diciembre de 2012

Como decíamos ayer...

Llevo mucho tiempo, mucho mucho tiempo, queriendo volver a sentarme y retomar esta pequeña y sana afición que en el fondo tanto me gustaba.

Debo decir que pensaba que ya no podría acceder porque la tenía asociada a mi anterior cuenta de correo, pero nunca lo comprobé siquiera. Excusa rechazada.

Asimismo, siempre pensaba cosas sobre las que escribir pero al final las desechaba por no ser suficientemente grandilocuentes o profundas, como si yo mismo no fuera a dar el nivel, como si hubiera algún nivel, menuda tontería!

En el fondo me he dado cuenta de que con este blog me ha pasado un poco como tantas cosas en la vida: algo que empieza de manera sencilla y alegre, comienza a ser complicada y a ponerte límites y exigencias. Menudo coñazo de vidas las nuestras.

Como tenemos muy cerca el comienzo del año 2013 voy a hacer dos cosas, primero voy a retomar el blog antes de la entrada de año (así no será un propósito, y quizá lo pueda cumplir) y segundo voy a ponerme de propósito para 2013 apuntarme al gimnasio... Lo juro.

PD: Me ha gustado mucho volver a sentir esta sensación frente al teclado...



Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
Bécquer - Rima LIII

jueves, 9 de junio de 2011

Eternal sunshine of my spotfull mind

Creo que lo que más me gusta del verano es ese momento en que el cielo deja de ser azul para hacerse naranja. El Sol se pone, y se lleva con él la luz y el calor, pero ese color me hace sentir su candidez. Me hace pensar que todo lo que pasa deja su recuerdo. Cuando lo sabes apreciar todo tiene su trascendencia.

Vidas que vienen, vidas que van, mientras escribo sin pensar. No sé qué había antes, no sé qué habrá después, y si lo pienso, no lo quiero saber, dejemos un margen a la ignorancia, fuente eterna de felicidad.

Sólo sé que tengo esta vida, toda una vida entera para llenar de sensaciones, de momentos y colores como el naranja de un atardecer en una tarde de verano.

Hay cierto mito entorno al amanecer, como origen de esperanza y de ocasión para recomenzar. Intuyo fracaso en esa concepción, las cosas que se hacen bien no necesitan volverse a empezar.

Prefiero el atardecer, momento de recogimiento y reflexión, de valorar las expectativas y compararlas con la realidad de lo vivido.

El ocaso del día es el momento de saborear con satisfacción las expectativas cumplidas, único y verdadero placer, tras tantos y tantos sueños rotos y própositos huérfanos de voluntades que los realicen.


Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar
.


Antonio Machado - Soledades, Galerías, Otros Poemas

jueves, 2 de junio de 2011

Es una tarde cenicienta y mustia, destartalada como el alma mía

Pocas o ningunas veces un "quiero" es un "me conviene".
En ocasiones por disfrutar, en otras por no pensar, quizá incluso algunas por pensar demasiado.



Es difícil saber lo que se quiere en la vida porque lo que queremos en cada momento cambia constantemente como una variable ajena a nuestra voluntad, cambiando nuestro rumbo y eclipsando una supuesta dirección vital.



Cuando crees tener lo que querías, lo cuestionas, y replanteas los motivos que argumentaste para decidirte por ello, los vuelves a juzgar desde el punto de vista contrario, desde la nueva perspectiva, y quizá, lo que querías y entendías como imprescindible, no era tan indispensable como pensabas, lo que pasa es que no lo tenías, y por eso lo querías...



Es congénito al hombre perseguir lo que no tiene, desde el momento en que descubre que existe. Y si se me permite el comentario: es congénito a la mujer perseguir lo que ya no tiene (sobre todo si es un hombre).



Ya no sabemos ni lo que queremos, no nos valen ni nuestras propias motivaciones y tenemos que perseguir también los objetivos del prójimo o los que nos inserte la publicidad. Me pregunto seriamente cuánto durará esta enferma persecución.



Parece que no podamos pararnos ni un segundo a disfrutar de las cosas que hemos conseguido.

En seguida que lo contemplemos dos veces será tedioso por ser nuestro, como nuestra cara en el espejo. Y entonces descubriremos a nuestro alrededor algo nuevo, quizá incluso algo que lleve ahí mucho tiempo, pero de repente es nuevo. Y lo querremos, lo ansiaremos profundamente...



Retomando el inicio del post, perseguir las cosas que quieres puede ser bueno, valiente y noble; pero también egoísta, pueril e irresponsable. Hay que pensar más allá del aquí y ahora, más allá del allí y luego, el fuego de hoy son las cenizas de mañana, prueba con las brasas.



Templando sentimientos, midiendo fuerzas y teniendo coherencia con las consecuencias de nuestras acciones podremos afrontar la responsabilidad íntegra y honesta de lo que hemos querido para nuestras vidas.



Sólo aquello que es voluntario, no meramente contingente, y desde luego nada necesario, lleva ímplicito nuestra manera de ser, nuestra manera de hacer. Quizá los demás no lo sepan apreciar, pero nosotros sabremos que es nuestro. Que hemos tomado la decisión libre de hacerlo, que hemos dedicado tiempo, que nos hemos aplicado en conocerlo y hemos puesto todo el esfuerzo en hacerlo lo mejor posible.



Insisto en que quizá tanto empeño no tenga reconocimiento, no es importante.

Lo único importante en la vida son las actitudes. Las actitudes con que uno encara los hechos que marcan su historia. Los hechos de los que luego hablarán sus palabras.



Las palabras no vinculan, no demuestran ni garantizan, los hechos pueden estar condicionados a intereses perversos o voluntades ajenas. Las actitudes son el último reducto de pureza e integridad del que disponemos para desenvolvernos genuinamente en la desaprehensiva realidad a la que pusieron por nombre vida.



Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.




Jaime Gil de Biedma - Poemas Póstumos

domingo, 17 de abril de 2011

ilusión, sombra y ficción

Sonrío, río, soy feliz y hago por hacer feliz a los demás.
Al menos, juro que lo intento.
Pero yo, como todos,
tengo un corazón encerrado en el pecho,
y no sólo a veces,
late, siente, sufre y padece.

No, ya no, ya no vivo tranquilo,
aspiro y pretendo,
me siento y contemplo,
y hace tiempo que ya,
ni a mí me convenzo.

Yo y yo, ya no nos ponemos de acuerdo,
- ¿dónde vamos?
- ¿dónde estamos?
- Antes, lo sabías.
- Sí, antes. Ya, no lo recuerdo.

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Calderón de la Barca - La vida es sueño

lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Tienen pastillas para no soñar?

Dicen que soñar es gratis. Menuda mentira.

Eres libre de soñar lo que quieras, sin más límite que tu imaginación. Eso es cierto.

Pero de hecho soñar se paga y a veces muy caro; cuanto menos plausible sea tu sueño más barato te saldrá, porque no llegarás a ver virtualidad ninguna en el sueño, no llegarás a creer que pueda tornar real un día. Sin embargo, soñar despierto cosas cercanas es un lujo muy muy caro y si se me permite, peligroso y desafortunado.

Creerte capaz de conseguir cosas que tienes cerca, en tu entorno, sólo por tu propio deseo, sin establecer un plan para lograrlo, sin poner medios reales, sin esfuerzo ni dedicación algunos es el peor regalo que puedes dedicarte.

En un primer momento y debido a la cercanía no será difícil llegar a pensar que somos capaces de lograrlo, incluso reinterpretaremos nuestra propia realidad e historia para ver en ellas indicios de que ese sueño es real, incluso de que lleva tiempo esperando ser concretado.

No hay nada tan fácil como engañar al que quiere ser engañado. Y nuestra mente acostumbra a hacerlo como mienten las madres a sus hijos para protegerlos de circunstancias tan duras que quizás es mejor ignorar o, al menos, no conocer en toda su integridad.

Puedes entonces llegar a pensar que has encontrado la felicidad, la exaltación propia de tus verdades, que te llevó a la convicción de tus capacidades embriaga tu entendimiento y nubla tu razón.

No obstante, todo lo que sube baja, y normalmente a mayor velocidad, por lo que pronto te ves inmerso en una extraña resaca de infelicidad provocada por la ingesta descontrolada de dosis de autoconvicción barata.

Nadie regala nada y la sensación de haber tocado el cielo, aún si quiera por un instante, no hace más que remarcarte la mucha distancia que te separa de tus sueños. Lo lejos que estás y lo dentro que te pensabas.

Entonces te dirás: "Si lo sé, ni lo pienso".

No es que fuera feliz en la desdicha de no tenerlo, es que ni siquiera me lo planteaba. Y ahora, haberme creído en condición de disfrutarlo me hace sentir doblemente infeliz, una por no tenerlo y otra por el sentimiento de haberlo perdido, aún sin haberlo disfrutado...

Nuestra vida es en todo instante y antes que nada,
consciencia de lo que nos es posible.

José Ortega y Gasset - La Rebelión de las Masas


son risas


MusicPlaylistRingtones
Create a playlist at MixPod.com