que con su suave y alegre vuelo una tarde de verano
capte la atención de todos mis sentidos,
y, una vez aniden en mi cabeza,
nublen mi juicio con su frágil dulzura...
Y tan pronto como viva al son de su trinar,
cuando empiece a disfrutar de su vana presencia
en mi mundo de inexistencias,
despeguen de nuevo su vuelo
y vuelvan a dejar otra vez en soledad...
No, ni siquiera la ilusión puede vestir de ternura.
Tienes, en su lugar, que ser enjambre de insectos
que revoloteen sin cesar, posándose y moviéndose
por todo mi cuerpo, sin orden ni compás,
sin saber dónde o por qué,
motivados, quizás, sólo por el deseo de molestar...
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Antonio Machado - Las Moscas

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