viernes, 5 de febrero de 2010

"...ansia perpetua de algo mejor, eso soy yo..."

Aprovechando mi situación y el tiempo libre (y no tan libre pero bueno) de que dispongo he recuperado las Rimas de Bécquer, algunas memorizadas desde su primera lectura, otras ocupando un vago recuerdo en un rincón de mi memoria y la gran mayoría olvidadas...

No voy a entrar a valorarlas, su lectura es deliciosa y más obligada que recomendada, pero hay una parte concreta, un prólogo que Bécquer se da a sí mismo, que me lleva de cabeza desde que lo he descubierto (creo que cuando las leí en el colegio no lo llegué a leer), desde el título hasta el punto final.

"Introducción sinfónica". Sólo el nombre ya me inquieta. El contenido simplemente me desborda. Me tiene fascinado la manera en la que Bécquer se siente obligado a escribir por sentirse padre de las ideas que duermen en su cabeza, la sinceridad con que se dirige a ellas para expresar su miedo a no hacerlo con la maestría que cree que se merecen, y en general la sensación que dejan en mi cuerpo esas tres páginas en las que el poeta explica su angustia de vivir cargado por esas ideas que nacen de sus sueños o deseos, y que poco a poco se confunden con las cosas reales que ha vivido.

Salvando las distancias y guardando todo el respeto, me siento identificado. No soy el arpa que guarda las notas porque no sé escribir poesía, pero si confundo anhelo y realidad, muchas veces por dejar que mis ideas me persigan noche tras noche...

A veces siento que pierdo más en mis silencios y omisiones de lo que gano en mis palabras y actos. Y de inmediato pienso que por más que hiciera o dijera siempre volvería a lamentarme...


[2] (48)

Fingiendo realidades
con sombra vana,
delante del Deseo
va la Esperanza.

Y sus mentiras
como el fénix renacen
de sus cenizas.

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son risas


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